lunes, septiembre 12, 2005

La (aparente) transformación de los personajes en el cine de Kim Ki-Duk (Segunda Parte)

Aquí culmina la segunda parte de este dossier sobre el cambio que ha sufrido el cine de este director surcoreano, para mí, uno de los mejores realizadores del momento. Espero que "The Bow" no nos decepcione, y solo deseo que os haya gustado este humilde texto...



“Primavera, Verano, Otoño, Invierno… y Primavera”

Estrenada debido a su éxito en diferentes certámenes cinematográficos y con posibilidades de “triunfar” en las carteleras españolas aprovechando un “efecto kimono” (5) inherente a las producciones mas esteticistas procedentes de Asia, “Primavera…” se muestra como un fresco de la vida, dividida en cinco partes que cuenta la historia de un niño que vive junto a un monje en un islote flotante en plena naturaleza. Siguiendo el paso de las estaciones, seremos testigos de su crecimiento, mientras descubre el amor, el deseo, el dolor y el perdón. Condenada injustamente por un sector de la crítica debido a su apariencia de postal y su budismo, algo “light” y moralista, es la pieza clave para entender las obras posteriores del cineasta. Sería injusto y de poca profesionalidad infravalorar a una película en la cual el propio director protagoniza sus dos últimos fragmentos. A modo de penitencia, de búsqueda de un perdón por sus actos, Kim Ki-Duk se ata a su espalda una roca y asciende una montaña para liberarse de los pecados cometidos en una enigmática juventud. Ahora ya se encuentra libre, y es el turno para que sus personajes busquen también ese perdón.




“Samaritan Girl”

A pesar de llegar a las pantallas españolas más tarde que la posterior “Hierro 3”, “Samaritan Girl” está más cerca de “Primavera…” que de esta última, ya que en esta ocasión son los propios protagonistas quienes se redimen por sus actos. La obra vuelve a estar dividida en tres actos, cada uno centrado en un protagonista aunque unidos por el personaje principal, Yeo-Jin (la samaritana), una estudiante que ejerce como proxeneta consiguiendo los clientes para que su amiga (que toma el nombre de una diosa, Vasumitra) ejerza la prostitución y de esta manera puedan costearse un viaje a Europa. Sin embargo, Vasumitra (personaje clásico del cineasta que termina abrazado a la tragedia) muere lanzándose desde un balcón debido a una redada policial. A partir de ese instante, la Samaritana, bajo un sentimiento de culpa por la muerte de su amiga/amada se embarca en un proceso, que en palabras del crítico J. Mauro de Pedro, “mezcla la temática del sacrificio–compensatorio (…) con la del martirio asumido, tema muy querido por el catolicismo” (6). Para ello, se acuesta con los ex-clientes de su amiga y les devuelve el dinero. Es a través de este (difícil de comprender) acto, como consigue expiar no solo sus pecados, sino también los de su amiga.

En este momento, aparece la figura del padre de la samaritana, quién tras descubrir los actos de su hija, hace suyas las constantes “kimdukianas” y a través de la violencia intenta ahogar su culpa. Pero lo que en anteriores obras hubiera culminado en la autodestrucción y descenso a los infiernos del protagonista, en “Samaritan Girl” Ki-Duk vuelve a proponerles una oportunidad para la salvación. Gracias al viaje a la tumba de la madre fallecida, se produce un reencuentro emocional entre ambos que culminará en la aceptación del padre de la madurez de su hija. El plano final, tremendamente bello por otra parte, que cierra la película no es tan doloroso como se podría pensar. Finalmente, la hija se queda sola, pero ha purgado sus pecados y está lista para enfrentarse al mundo. El padre se marcha a cumplir su condena por haber asesinado a una persona, pero hay esperanza. En definitiva, a través de “Primavera…” y de “Samaritan Girl”, Kim Ki-Duk y sus protagonistas se han arrepentido, y esa libertad espiritual “ganada a pulso” se pondrá de manifiesto en “Hierro 3”.




“Hierro 3”

En “Hierro 3” se aprecia ya esa liberación de los personajes, tras el proceso de penitencia llevado a cabo en los dos largometrajes anteriores. El protagonista es un clásico “outsider” del cine del surcoreano, no habla y vive al margen de la sociedad, ocupando casas vacías cuando sus moradores se hayan fuera de ellas. A pesar de que psicológicamente se le puede etiquetar de sujeto esquizoide (7), él parece feliz viviendo esa vida, tomando lo que le conviene de la sociedad y devolviéndole el favor como buen samaritano (Ej. lavando la ropa de las casas o arreglando aparatos estropeados). Así avanza el argumento, hasta que entrando en una casa se encuentra a una mujer (ex-modelo para más señas) que es víctima de los malos tratos de su marido. Tras abandonar la casa, y aquejado de un sentimiento de compasión decide regresar, atacar al marido con un palo de golf (reviviendo de nuevo constantes de su cine) y salvando a la mujer.

A partir de este instante se establece entre ellos una relación tremendamente surrealista y no menos irónica, ya que jamás hablan durante todo el metraje pero a la vez se “comunican” más que todas las parejas cuyas casas ocupan. Los “nuevos protagonistas” del cine de Ki-Duk ya buscan la felicidad como fin en sí misma, y no a través del dolor o la violencia. En cierto modo, ahora es la propia sociedad quien los encuentra y los condena, al contrario que en alguno de sus films anteriores, donde es el propio “outsider” quien intenta penetrar en ella sin éxito. Me viene a la memoria el hijo bastardo de padre norteamericano y madre coreana que intenta ser aceptado en ese pequeño pueblo (“Address Unknown”), los amigos coreanos que luchan por sobrevivir en las calles parisinas (“Wild Animals”) o el soldado psicótico de “Coast Guard”.



A través de una bellísima historia de amor, Ki-Duk reflexiona sobre el aislamiento (deudor en este caso del cine del taiwanés Tsai Ming-Liang), la posesión o el vacío comunicacional de la pareja. No solo eso, sino que se permite el lujo de jugar en distintos niveles, de plantear alternativas para los más escépticos en esto del amor, y establece tantas ramas de interpretación que hacen que “Hierro 3” se mueva entre el terreno más real, el fantástico, o el onírico. Los momentos finales recalcan la liberación definitiva del “héroe kimdukiano” (a partir de esos ejercicios budistas que realiza en prisión), un fantasma sin connotaciones negativas que no necesita de la sociedad para ser feliz, y que ha hallado ya el camino para realizarse y vivir en armonía, al menos con sí mismo y con la persona amada.



“¿……es todo tan bonito?

Finalmente, no me gustaría cerrar este artículo de manera tan bella y exageradamente positiva, porque seguramente aquellos que disfrutan con el cine más sucio del surcoreano hayan encontrado en estos tres títulos toques más funestos. Y no les falta razón. Es la grandeza de un realizador que permite elegir al espectador, para que éste vea a “Primavera…” como un ciclo de dolor y sufrimiento que se repite con la llegada de un nuevo niño, a “Samaritan Girl” como la muerte espiritual de una muchacha desgraciada (recordemos la escena en que la niña sueña con su asesinato a manos de su padre) que pierde a su padre y a su amada, o a “Hierro 3”, como la imposibilidad de que el amor triunfe y de que su protagonista femenina solo pueda recurrir a la memoria de su amor muerto como consuelo para aliviar su existencia. Su cine actual se presenta casi a modo de “tabula rasa”, donde el espectador escribe lo que ve e interpreta.

Repito mis palabras con las que cerraba el primer párrafo: no se puede negar que Kim Ki-Duk está creciendo, que cada vez rueda mejor, que su estilo se depura y que es capaz de transmitir sin palabras, solo con imágenes, todas las sensaciones existentes. Es un hecho al alcance de muy pocos, porque recordemos que el cine, al fin y al cabo, es poner en imágenes la vida que pasa ante nuestros ojos (y FIN).

Un saludo

(5)Efecto Kimono: “el espectador occidental reacciona mucho mejor ante una película oriental de corte histórico que ante otra de ambiente contemporáneo (…) Los personajes actuales hacen más problemático (…) el proceso de identificación para dicho espectador. Antonio Weinrichter, Pantalla amarilla: el cine japonés. III Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, 2002, p. 17.

(6)Jorge Mauro de Pedro, Crítica de “Samaritan Girl”. Miradas de Cine nº 37. http://www.miradas.net/2005/n37/criticas/04_samaritangirl.html

(7)Según DSM-IV, libro esencial usado por psiquiatras y psicólogos para el diagnóstico de enfermedades mentales, el trastorno de personalidad esquizoide se caracteriza por ser un patrón general de distanciamiento de las relaciones sociales debido a un no disfrute de las relaciones personales, y a la preferencia por realizar actividades solitarias (entre otras características).

Un saludo

3 comentarios:

Javier dijo...

El padre se marcha a cumplir su condena, pero ha aceptado la madurez de su hija...io non capisco...¿cómo entiendes tú el final de Samaritan girl?

Roberto A. O. dijo...

Sencillo, el viaje que emprenden el padre y la hija hacia la tumba de la madre, es un viaje de autoconocimiento mutuo, de búsqueda de una complicidad inexistente, y de reencauzar su relación (otra cosa que habría que analizar en el cine de Kim Ki-Duk es el papel de diversos problemas sociales en sus películas...en este caso no es la prostitución juvenil, sino las relaciones paterno-filiales).

El padre cree que la hija no estará preparada para el futuro, pero a lo largo de ese trayecto, comienza a darse cuenta de que no es así. El punto inicial es cuando ella le quita la piedra que está parando la marcha del coche (o tb puede ser que le esté diciendo al padre que sí está lista para continuar..que la deje seguir adelante), y el punto culminante es cuando le permite conducir el automóvil. Es todo un proceso reducido a 20 min. de metraje.

La ambigüedad aparece en el plano final, donde el coche que conduce la hija se queda a mitad del camino...¿quizás se haya quedado en la mitad de ese proceso y no está preparada para enfrentarse al futuro?

No se, supongo que es un final abierto a muchas interpretaciones.

Saludos

Javier dijo...

No lo entendí de ese modo. Lo que yo veo es que el padre...digamos que "abandona" a su hija en ese final, y lo del coche viene a reproducir lo que ha ocurrido en la película: el padre primero le enseña a hacerlo, más concretamente le enseña el camino a seguir (literalmente es lo que ocurre). Luego él se va dejándola allí para que se vea obligada a hacerlo por su cuenta, pero ella se sale del camino (su mal comportamiento durante la peli, al menos desde el punto de vista del padre) y no puede continuar. No es capaz de seguir la senda que le marcó su padre, y por tanto se queda sola.