jueves, septiembre 08, 2005

La (aparente) transformación de los personajes en el cine de Kim Ki-Duk (Primera Parte)

Bueno, dado que debido a los exámenes estaré un par de días sin ver cine (y por consiguiente escribir sobre ello), me acomodo un poco y subo a mi blog un artículo que redacté hace un tiempo sobre el cine del surcoreano Kim Ki-Duk, aprovechando el estreno en España de "Hierro 3" y "Samaritan Girl". Lo colgaré en dos partes dado su tamaño. A los que ya lo hayan leído les pido disculpas pero lo subo sobre todo porque la web donde colaboro (o colaboraba) está inactiva, así que es posible que también incluya el de Park Chan-wook próximamente.



Este artículo está dedicado especialmente a Lía, por haberme animado a escribirlo y por empujarme a obtener la visión más romántica de “Hierro 3” que ahora comparto; y a los miembros de Allzine.com porque sin ellos jamás hubiera podido disfrutar de la obra completa de este genial cineasta.


Hasta hace apenas unos meses, solo se habían estrenado en España dos películas del prolífico director surcoreano Kim Ki-Duk, “La isla” y “Primavera, Verano, Otoño, Invierno… y Primavera” (1). Sin embargo, en apenas espacio de tres semanas, sus dos últimos títulos han aterrizado en orden inverso a su realización: “Hierro 3” (Binjip, 2004) y “Samaritan Girl” (Samaria, 2004). Este hecho se convierte así en un motivo de alegría, no solo para nosotros, fervientes seguidores de un cine asiático en constante expansión y en un momento creativo inigualable, sino también para todas aquellas personas que disfrutan del buen cine en general. Porque no se puede negar que un autor como Kim Ki-Duk se ha colado poco a poco en un terreno solo reservado a los más grandes, gracias sobre todo a la eficacia y elocuencia de una cámara que es capaz de transmitir una inmensa amalgama de sensaciones sin necesidad de recurrir a aspavientos ni a excesos formales. Pero antes, permitidme que haga un necesario paréntesis para intentar bucear en esos cambios (si es que realmente los ha habido y son tan palpables) de este autodidacta que arrasa en cada certamen cinematográfico que pisa.



Para la comunidad de seguidores del cine asiático, criada bajo el amparo de los foros y de la banda ancha, el director surcoreano era considerado uno de los bastiones ejemplificadores de Oriente. Esta privilegiada posición fue ganada a pulso gracias a la fuerza visual de sus imágenes, la dureza de sus historias y la ambivalencia con que eran recibidas sus películas en los diversos festivales; todo esto a pesar de ser un cine cargado de una filosofía y metáfora constante y de haberse inspirado en las películas de la Nouvelle Vague, en especial de Godard, como bien reconoce Ki-Duk (2). Sin embargo, lo que antes eran halagos y vítores entre los aficionados se tornaron en críticas, tras ver cómo el surcoreano se alzaba con multitud de galardones en Venecia, Berlín o San Sebastián, gracias a unos largometrajes que a simple vista parecían alejarse de sus cánones habituales. Mientras antes teñía de dolor y sufrimiento a su obra, ahora la cubría con un velo de optimismo y cierta esperanza.

Se alzaban las voces: Ki-Duk se había convertido en un director festivalero, y su cine pasaba de ser sucio y “underground” a ser estilizado y reconocido. Es éste un aspecto curioso que trasciende el mundo del cine y aparece también en multitud de artes; el artista que pasa a ser admirado por el “gran público” y parece perder la identidad con la que dio sus primeros pasos. Para poner otro ejemplo no tenemos que retrotraernos mucho al pasado y podemos nombrar a un Takeshi Kitano, que tras las críticas sufridas tras su paso por Hollywood con “Brother” (3), ha sabido encauzar su carrera con obras impresionantes como “Dolls” o su primer taquillazo en Japón con la paródica “Zatoichi”.

Solo a través de una mirada calmada y reflexiva a los tres últimos títulos que ha facturado Kim Ki-Duk se puede concluir que su cine no ha cambiado en exceso y que solo ha introducido una serie de matices, que permiten a sus personajes “respirar” en ese lugar estancado en el que se hallan habitualmente. Unos cambios (más en el fondo que en la forma) que son fruto de un proceso de transformación espiritual que vive un cineasta casi siempre inquieto; una evolución con un abrupto punto de inflexión tras el rodaje de “El guardacostas”, y que, tras la penitencia de “Primavera...” y “Samaria” se palpa mucho más en “Hierro 3”.



“La isla” (Seom 2000) fue su primera película estrenada en España. A su paso por distintos festivales, su creador ya traía adjuntada la etiqueta de “enfant terrible” del cine surcoreano por la dureza de sus films. De algún modo, en “La isla” aparecen todas las constantes de su filmografía, y es en este título en el cual me basaré para analizar a sus personajes y la transformación que han sufrido, punto clave para entender sus últimas propuestas (entiendo que la mayoría de lectores solo hayan podido acceder a esta película, digamos, de su etapa más “oscura”). Así, nos encontramos ante unos encuadres bellísimos, llenos de lirismo, pero a la vez salpicados de una violencia atroz. Existe una predilección por mostrar a animales maltratados (a menudo peces, pero también perros) y un trato incluso vejatorio hacia las féminas, ya sea como sujeto pasivo que sufre frente a la fuerza masculina o como persona activa que incita al hombre a la perdición (4).

Por otro lado, tenemos a unos personajes que no parecen variar a lo largo de su obra. Se podrían clasificar como auténticos “outsiders”, seres que la sociedad desecha, pero que al mismo tiempo son frutos de ella, la cual los necesita como un espejo en el que mirarse para ahogar sus traumas y problemas. Son personas al límite, incapaces de enfrentarse a un ambiente hostil y con una incapacidad manifiesta para alcanzar la felicidad o la tranquilidad en sus vidas. En el cine del surcoreano, nunca sabemos demasiado de ellos. No conocemos su procedencia pero sí sabemos el destino que les espera, un final abocado a la desgracia y a menudo, a la muerte. Por ello aparece casi siempre la violencia en sus vidas, la única manera que tienen para afrontar las dificultades de su penosa existencia. Para alcanzar una felicidad siempre esquiva recurren al dolor (bien sea recibiéndolo o infringiéndoselo a los demás), al parecer, único elemento que han aprendido para manejarse en la sociedad.

¿Pero, por qué?, ¿qué extraños designios mueven sus hilos para que no abandonen sus penurias? La respuesta radica en la no existencia de varios caminos para escoger, debido a unas habilidades, de las cuales simplemente carecen o ni siquiera ponen en práctica. Son personajes que se mueven en una sola dirección, sin atajos que les saquen de su sufrimiento. Kim Ki-Duk les priva a menudo de la capacidad de hablar (ya sea al chulo de “Bad Guy” o al pintor de “Real Fiction”), reivindicación de su no pertenencia a la sociedad. Al fin y al cabo, el lenguaje es la herramienta más importante de socialización y la mayoría de héroes “kimdukianos” (y perdón por un término que volveré a repetir) no lo utilizan. Su dolor se incrementa ya que nunca llegan a completar una necesaria catarsis porque no poseen las habilidades necesarias para ello, y se pierden en actos violentos y excesivamente viscerales. Incluso sentimientos como el amor, presente en los anhelos de algunos de sus protagonistas, se tornan en obsesiones bizarras y de carácter perturbador. De esta manera, estos personajes se mueven en un ambiente real bajo una apariencia ficcional, convirtiéndose casi en espectros de sí mismos, fantasmas no muy alejados de aquellos que pueblan el Tokio apocalíptico de “Kairo” (id, 2001. Kiyoshi Kurosawa) o de los yakuzas nihilistas del cine del japonés Kitano.



A partir de “Primavera…” Kim Ki-Duk parece insuflar un halo de esperanza a sus personajes aunque no exista un cambio palpable en su construcción, ya que se siguen situando fuera de los márgenes sociales (aunque con matices, ahora conocemos algo más de su procedencia). Esta esperanza viene dada por la posibilidad de escoger, de encauzar su vida sin necesidad de recurrir a la violencia autodestructiva de trabajos anteriores. A través de preceptos religiosos (el budismo en “Primavera…” y el cristianismo en “Samaritan Girl”), sus protagonistas afrontan las dificultades y buscan la paz interior. ¿Termina premiándoles Kim Ki-Duk por ello? Sí y No (Fin primera parte)


(1) A partir de ahora y dado su extenso título, solo “Primavera…”
(2) Con estas palabras no intento desprestigiar a una comunidad de la que me considero parte, pero si dar un toque de atención a aquellos que solamente ven a Asia como la cuna del cine de género.
(3)“Brother”, película injustamente tratada en el momento de su estreno, va ganando en calidad con el paso de los años, hasta que finalmente se la considere como lo que es, el “Pearl Harbour” de Kitano (extraído del artículo de Jordi Costa, “Takeshi Kitano: La calavera origami”. Revista de Cine Nosferatu 36-37: Nuevas miradas del cine asiático).
(4)El tema de las mujeres en el cine de Kim Ki-Duk ha sido siempre punto para la polémica, debido al carácter casi misógino con que son tratadas. Por ello, creo que se merecería un estudio aparte y no ahondaré más en él.

Saludos

6 comentarios:

inquisidor eisenhorn dijo...

ahora Kim ki duk se ha convertido en un pope del cine de auteur mundial, todavia me acuerdo de los palos que le metio la critica patria por SEOM, pero ahora que la prensa especializada europea lo ha elevado a los altares de la modernidad todos lo alaban como un gran director, algo parecido paso con Kitano, denostado al principio como director ultraviolento de peliculas de serie B...
De cualquier forma, y en mi modesta opinion el buque insignia del cine surcoreano es Park Chan wook...
tampoco estoy muy seguro de kim ki duk sea muy conocido en su tierra

Roberto A. O. dijo...

Sí, pero a KimKi le rodea una doble corriente actualmente: por un lado es evidente que se ha convertido en un autor mundial y sus películas son muy esperadas en cada festival (donde casi siempre gana algo), pero por otro lado se le critica por un cierto amaneramiento formal de su cine, ya sabes, el hecho de que en sus ultimas obras le meta un toque budista/zen/new age..a muchos le ha incomodado (a mi no, me parece que está evolucionando de manera magistral).

Y sí, estoy de acuerdo contigo que en Corea no lo debe conocer nadie. Creo que la película suya que mas ha recaudado ha sido "Bad Guy", que los coreanos habrán ido a ver pensando que era otra comedia romántica..y se encontraron con EL FINAL. Es lo mismo que le pasa a Kitano en Japón, el público ha pasado de él hasta "Zatoichi".

Saludos

Javier dijo...

Los críticos pueden decir misa si les da la gana, y hablar de toda la suciedad y la crudeza que quieran acerca de La isla, por ser su primera obra y la más de "enfant terrible"...pero la realidad pura y simple es que Hierro 3 le da diez mil vueltas de campana.

Francamente, yo sí he visto una película suya que me decepcionó, y es la de las estaciones. Ésa podrá tener un talento visual inmenso, pero coincido en que despliega una filosofía que es poco más que de galletas de la suerte. Ésa si la veo sobrevalorada, pero no desde luego Hierro 3. Si ha encandilado a todo el mundo en parte será porque es una pasada de película...

Con respecto a Park Chan Wook solo he visto 3 suyas, pero a mí no me gusta tanto como a ti, Inquisidor. De hecho si tengo que escoger una peli suya creo que me quedo antes con Sympathy for Mr. Vengeance que con Old boy. Las dos están estilizadísimas, pero creo que eso es algo más apropiado para un drama (la primera) que para un thriller (la segunda). En Old boy había algún trozo en el que mi interés decaía bastante, amén de hacerse un poco liosa.

Eso sí, todas están hechas de puta madre.

Javier dijo...

Y hablando de si es conocido...¿realmente es posible que no sea popular allí? Yo siempre lo había imaginado como un tío venerado, claro que aquí ni Dios conoce a Erice y al tío le eligieron (una agrupación de filmotecas internacional) su espíritu de la colmena como la mejor película de los 70...

¿Y Kitano también? Pero si ese es conocidísimo allí, ¿no??? Joder, solo sea por toda la televisión que ha hecho y demás...

Roberto A. O. dijo...

"Francamente, yo sí he visto una película suya que me decepcionó, y es la de las estaciones. Ésa podrá tener un talento visual inmenso, pero coincido en que despliega una filosofía que es poco más que de galletas de la suerte"....Intento responder a esto en la segunda parte del dossier, para mí es una película mucho más personal de lo que parece...

Sobre Kitano en Japón, hombre, claro que es conocido. Lo que digo es que el público le dió la espalda desde que se ha metido a director. Joder, imagina que un humorista español se transforma en un policía lacónico con brutales estallidos de violencia....pues te sorprendería.

Y a KimKi en Corea le pasa igual..como a Hong Sang-Soo (el otro autor más famoso de por allí). Nadie va a ver sus películas y se estrenan en cuatro cines.

Saludos

Javier dijo...

Por cierto, ahora que lo pienso no estoy seguro de si la asociación esa escogió El espíritu de la colmena como la mejor de los 70 o El sol del membrillo como lo mejor de los 90.