domingo, julio 06, 2008

Deja Vu



Hollywood y el cine norteamericano en general han abordado ya los fantasmas del 11-S desde muchísimas perspectivas: grandes alegorías ficcionales, acercamientos realistas o derivas documentales; todas con diversos puntos de vista, desde lo crítico hasta lo elegíaco pasando por lo simplemente colateral. Pero puede que Deja Vu sea una de las piezas más significativas de esta ola, no tanto definitiva como precisamente eso, significativa y gloriosamente polisémica. Este extraordinario film -acaso el mejor de Tony Scott, y junto a El fuego de la venganza y Enemigo público, el más coherente en cuanto a su construcción fondo/forma- rastrea los desechos del Katrina para concedernos una suerte de exorcismo ficcional proyectado en una hermosa fantasía post-hitchcockiana de un doloroso acontecimiento colectivo.

Y es que a diferencia de Los cronocrímenes, cuyo acercamiento a los viajes en el tiempo obliga a que sólo pueda ser una película, Deja Vu es un film que pueden ser muchos, pero la opción escogida por Scott actúa como sutura emocional de un acontecimiento trágico. Deja Vu opera, no sólo con la posibilidad que los servicios de inteligencia no cumplieron con las expectativas aún teniendo pistas de que algo iba a suceder -como expresa de forma excepcional un segmento del film-, ni con la necesidad del duelo ante un hecho aparentemente inevitable, sino que parece decirnos que existe otro mundo posible en el que el 11-S no sucedió, y Norteamérica no varió su rumbo.

Quizás sea ésta la hipótesis maximalista de una película que también funciona a un nivel íntimo, y que precisamente nos repite lo anterior. Quizás todas las decisiones que tomamos en nuestra vida construyen líneas temporales paralelas que se viven sin plegarse. Quizás en el fondo no tengamos que arrepentirnos de nada, y toda decisión importante puede que genere una nueva vida, que es vivida de manera tan intensa como ésta y que nos sucede, nos precede e interacciona con las demás mediante el fenómeno del deja vu. Desde luego no es algo que funcione a largo plazo, pero pensar en ello puede ayudarnos a soportar heridas del presente, del momento.

Saludos

7 comentarios:

LAURA dijo...

Quizás son los pequeños momentos que nos muestran una posible vida más intensa la que nos hace sin darnos cuenta tomar decisiones importantes.

Anónimo dijo...

Es curioso cómo se pueden convertir en maravilla pelis que son simplemente correctas. Deberías constar en los creditos como el ojo que le dio dignidad a todo esto.

Abuelo Igor dijo...

Eso es lo bueno de que no haya dos ojos iguales. En cuanto a figurar en los créditos de una peli del amigo Tony, yo creo que sería más bien un honor.

Alvy Singer dijo...

Dijo en su día Noel Ceballos que Déja Vu tenía algo de Laura en su premisa y, más allá de eso (o a partir de eso), ya es una de las películas que más me fascinan.

Roberto A. O. dijo...

Pues sí, la fascinación del personaje de Washington sin duda nos retrotrae al film de Preminger. Pero es que "Deja Vu" es tan grande....creo que las hipótesis que maneja son realmente inconmensurables. Hay una escena que comentaré otro día porque no me la puedo sacar de la cabeza. Impensable....

Saludos

Alvy Singer dijo...

¿La persecución en dos líneas temporales distintas? Porque me CHIFLA.

Roberto A. O. dijo...

Bueno, esa secuencia es acojonante. Pero yo me refería al principio, a un detalle en la llegada de Washington al lugar de la catástrofe.

Saludos