martes, septiembre 15, 2009

San Valentín Sangriento 3D



Resulta complicado pensar que una propuesta tan interesante e inteligente en su aparente zafiedad como San Valentín sangriento 3D pueda saltarse la etiqueta de primera película que inaugura las novísimas y remozadas tres dimensiones dentro del género del terror, si no tenemos en cuenta a la truculenta Scar (Jed Weintrob, 2007), aún sin fecha de estreno. Y lo es porque al erigirse como una novedad dentro de la novedad —lo cual también le ha venido de perlas a este sencillo film de cara a su exitoso recorrido por la taquilla norteamericana— parece que sus virtudes (que las tiene, y muchas) se han visto deslucidas por su crematística adhesión al nuevo formato. Cosas que pasan, Patrick, porque hay que estar en lo bueno y en lo malo. Supongo que antaño, obras como Los crímenes del museo de cera (House of Wax. Andre De Coth, 1953) también tuvieron que hacer frente a dicho estigma, aunque hoy su valor sea bien distinto y su lectura haya sido ampliada.

Pero sí, este remake perpetrado por el todo-terreno Patrick Lussier se apunta al carro de las 3D y en su acepción más básica, en un intento por apuntalar el efectismo y devolver al terror su faceta más grandguiñolesca, grosera y visceral. Es cierto que, como afirman Antonio José Navarro y Raúl Acín en sendas críticas de Dirigido Por (nº 392, Septiembre 2009), apenas se aprecia un mínimo de innovación en la propuesta sino que «solamente se busca el efecto» lo cual, evidentemente, deviene en una apuesta estupenda por lo que tiene de experiencia lúdica. Y lo es también porque San Valentín sangriento 3D debe cumplir con la deshonesta y suicida misión de limpiar el camino, convirtiéndose en un film mártir cuyo objetivo pasa por inmolarse para explorar si estas formas pueden ser perpetuadas y optimizadas de cara al futuro. Digamos que en el largometraje de Lussier —como en Los crímenes de museo de cera, versión De Toth— la interactividad que se pretende conseguir mediante el formato 3D obliga, no sólo a saltarse una cierta ortodoxia fílmica, logrando de este modo que el género respire y no caiga en la estereotipia formal, sino a introducir considerables variaciones estéticas y de montaje que abastecen de oxígeno a las agotadas estructuras del mainstream. Que ello tenga o no resonancia y continuidad dependerá entonces de la respuesta de una audiencia que, por ahora, reclama nuevos vientos que le aferren a las salas de cine en pleno run for cover al hogar de la alta definición y el home cinema.

Volviendo a San Valentín Sangriento 3D, es obligatorio resaltar dichas novedades que le otorgan una agradecida soltura. En primer lugar, el regocijo en las 3D incita al morboso ensimismamiento en la imagen abyecta: durante el prólogo, la cabeza de una joven es seccionada de boca para abajo por una pala, mientras que el cráneo se desliza lentamente hacia nosotros gracias al trabajado efecto digital, potenciando la sensación de repulsa y alimentando la sádica delectación del público por el cráneo cercenado. Pero hay más, gracias al (todavía) primitivo empleo de las 3D, San Valentín Sangriento 3D nos recuerda la importancia del plano sostenido dentro del género en su vertiente más comercial, demasiado anclado en las herramientas del montaje espasmódico y del corte y pega sonoro, como lo demuestra la secuencia en la que uno de los veteranos trabajadores de la mina recorre la pantalla con su rifle intimidando a la audiencia. Y además, escenas como la del hostigamiento de dos jóvenes por parte del maníaco en un supermercado, validan el consistente uso de las 3D como herramienta de suspense a través del trabajo con la profundidad de campo —pese a la pérdida de nitidez—, un poco a la manera de la utilización que de ella hizo Alfred Hitchcock en Crimen perfecto (Dial M for a Murder, 1954).

Pero no contentos con elevar el grado de demencia y disfrute mediante el empleo de las nuevas tecnología, lo relevante de la proposición radica en que Patrick Lussier y sus guionistas, conscientes que el aparatoso andamiaje 3D tiene como propósito el convertir a la película en un carrusel de efectismos, construyen la narración invocando el distraído espíritu del whodunit, con la intención de reforzar esa sensación de divertimento. Así, la narrativa del largometraje está plagada de pistas ilusorias, de lugares (no) comunes, de falsos culpables, y de detalles engañosos —la insinuada relación entre el policía negro y la venta de la mina— que permiten al público entrar en el juego que proponen sus creadores. Porque a diferencia de las intenciones del remake dirigido por Marcus Nispel —Viernes 13 (Friday the 13th, 2009), un film ensayo aparentemente tonto pero en el fondo muy cínico sobre como los personajes han pasado de arquetipos a carnaza de bucle cinematográfico, la película de Lussier se erige en homenaje a la inocencia en clave macabra y al disfrute retro: un revival del slasher ochentero en su más pura extensión.

Más allá del 3D

No obstante, y conectando con lo expresado en el primer párrafo de este texto, el valor como largometraje de San Valentín Sangriento 3D se sitúa muy por encima de su faceta efectista y juguetona, de su impúdica recuperación de las constantes de un particular subgénero. Así, la supuesta vuelta a las andadas del minero homicida de nombre Harry Warden en pleno día de San Valentín se revela pronto como excusa, o como instigador, de las miserias de un diáfano small town —salido de una ilustración de Norman Rockwell (sic) — que pretende recoger la ilusoria herencia de un americana de Henry King o Jacques Tourneur para pervertirla a base de sangre y vísceras. Y es que las lagunas argumentales y la resolución aparentemente ridícula de la trama con desglose risible en formato flashback, conceden al film una inaudita multiplicidad de lecturas para una película de estas características.

La necesidad de desembarazarse del pasado, la endogamia en todas sus vertientes como germen a exterminar para promover el desarrollo, la culpa no trabajada, la insatisfacción vital, el rencor por lo que me hiciste o me dejaste de hacer, la elección de un camino que termina en punto muerto o en carreteras demasiado secundarias; en definitiva, un puñado de sentimientos desviados, un montonazo de odios reprimidos por el peso de unos años que no hacen más que cultivarlo en el patio trasero de nuestra alma, y el terror como campo de batalla, como territorio físico (y mítico) donde resolver unos conflictos por la vía que más duele, que no se cura, pero que menos exige. Como en Anticristo (Antichrist, 2009) donde Lars Von Trier demuestra una vez más que lo artístico ya no radica en quién lo crea, sino en quien lo recibe, por si no le quedaba claro al ramplón admirador del canon.

Saludos

lunes, julio 27, 2009

Brüno



Además de poseer una extraordinaria vis cómica —ejemplificada en su particular habilidad para la mimesis y su capacidad para la réplica aguda—, y de estar bien dotado para convertirse en el perfecto entertainer, Sacha Baron Cohen ha demostrado tener vocación de especialista en marketing. No hay dudas, es un tipo listo. Tan listo que ha logrado reciclarse de cara al gran público y volver a vender su producto presentado en un digipack doble con funda en relieve y libreto de análisis incluido. Atrás quedaron los tiempos del dvd5 y la caja de plástico a secas de Ali G anda suelto (Ali G Indahouse. Mark Mylod, 2002), porque Baron Cohen advirtió que ese ruta ya estaba tomada y algunos la asfaltaban mejor que él.

Así, recogió su humor grosero, zafio y provocador y decidió mezclarlo con el documental —o mejor dicho, cine de no ficción—, las bromas de cámara oculta, y la sátira de diversos tópicos de la sociedad norteamericana. Dio forma a un género nuevo —ni siquiera la saga Jackass, que es solamente una cita a pie de página, puede igualarlo—, y consiguió, gracias a la supuesta subversión sociológica (perdón por la cacofonía) de las situaciones, que hasta un cierto sector más intelectual se tragara sus chiste de pedos, penes, y mariquitas. Y al mismo tiempo, reelaboró la arquetípica trama del intruso, es decir la de esa figura que penetrando en una sociedad, remueve sus cimientos y deja en evidencia su podrida arquitectura. En definitiva, Baron Cohen le coló un gol al humor buscándole una coartada, o logró que el humor le metiera un gol a quienes han menospreciado sus especimenes más básicos.

Con Brüno (Larry Charles, 2009), Baron Cohen presenta formalmente a un muy homosexual presentador austriaco aspirante a formar parte del star system de Hollywood. Retoma así la senda del John Doe extranjero que busca la integración mientras es humillado, y termina siendo redimido a través de una catarsis social. Porque como en el caso de Borat, el reportero kazako, Brüno es un inadaptado que lleva al límite ciertas normas sociales que son puestas en evidencia por su salvaje primitivismo. Pero hay más: dada su faceta de locaza, Brüno es un estupendo ejemplo de cómo ciertos arquetipos deben permanecer siendo arquetipos. Sobre todo en su gloriosa primera mitad —la segunda no deja de ser un Borat 2 cambiando a los personajes—, Brüno pone de relieve la restricción categorial a la que somete la sociedad a sus estereotipos. La magnífica secuencia en la que Brüno presenta un trailer de su show frente a un grupo de productores ejemplifica de manera cristalina este hecho. La trasgresión de algunos patrones sólo se permite hasta un cierto punto, hasta un límite consensuado en el que todos nos encontremos cómodos, porque de superarlo podría producir grietas y dudas que la sociedad no desea consentir. Un no consentimiento que conduce a una progresiva estratificación mediática, y al mantenimiento de tópicos, en este caso, el homosexual – ¿a alguien le suena el Día del Orgullo Gay? -, que facilitan su integración por parte de la masa. Brüno, al igual que una particular tendencia del humor, supone en cierto modo la pastilla roja del Matrix contemporáneo.

Pablo Vázquez y un servidor firmábamos hace escasos meses un decálogo que resumía diez reglas con las que enfrentarse a una buena parte de ese movimiento que viene a llamarse “Nueva Comedia Americana”. En su primer mandamiento hacíamos hincapié en la necesidad de que el gag pudiera liberarse y ser simplemente gag. Podríamos apostar que a Sacha Baron Cohen sólo le importa el humor, aunque tenga que disimularlo bajo capas y capas de maquillaje sociológico. De ahí que los gags funcionen en su plenitud una vez se retuercen del continente, cuando sólo vemos a un hombre enfrentado a otro que está armado con dos penes de goma, o cuando alguien simula practicar una mamada a una estrella de la música difunta en plena sesión de espiritismo. Seamos honestos, tanto Borat (Larry Charles, 2006) como Brüno son películas (de humor) bajo sospecha porque a Baron Cohen no le hace falta que le rían las gracias políticas, ni tiene que venir a desmontar aquello que ya está desmontado, porque únicamente los mediocres se escudan en obviedades colectivas cuando sólo quieren llamar la atención y no tienen nada que vender. Y no lo necesita porque Sacha Baron Cohen está ungido con un don: el de convertir la regla en excepción reventando en mil pedazos el lustroso escaparate de nuestra moral burguesa y judeocristiana.

Saludos

jueves, julio 16, 2009

Le llaman Bodhi



El mar, la montaña, el bosque o el desierto, son entornos donde realmente se ponen a prueba nuestros principios, nuestros dogmas, nuestras inquietudes. La naturaleza, maximizada, alejada del constreñimiento de las grandes urbes, liberada de compartimentos estancos en los centros comerciales de turno, consigue materializarse en figuras que excavan en nuestro interior, juzgando aquellas bases que creíamos sólidas. Bodhi, con su cuerpo viril, su pose furtiva, su ágil verbigracia y su mentalidad temeraria, es una de esas encarnaciones puras de la naturaleza, instituida para cuestionar los frágiles principios que sostienen nuestro ciclo vital. Bodhi es ese elemento imaginario que nos pregunta cada noche si nuestro camino ya está escrito o si queremos escribirlo nosotros. Bodhi podría ser un Kabat-Zinn o un Martin Seligman si éstos fuesen rubios, tuviesen melena, y compaginaran el surf con los atracos. Bodhi y su banda representan el amor fou por una vida al límite que no tiene que ser mejor, pero que es elegida. Y Johnny somos todos.

Le llaman Bodhi (Point Break. Kathryn Bigelow, 1991), pese a su hálito cool y esos filtros visuales tan propios (y horteras) de la fotografía al límite de los ’90, no es solamente una macho—movie tonta y espídica, sino que funciona en ocasiones como si uno estuviera leyendo un cruce entre una novela pulp de surferos y un manual de autoayuda. Pulp condensado y exprimido en una trama que bebe de una mítica inagotable, la de un único yo escindido en dos figuras que se miran y se reconocen como una misma, la de un espejo que se rompe y se recompone a ambos lados de la ley, la de un ADN que se ha deshecho en la progesterona de los rasgos afeminados de Keanu Reeves y la testosterona del rostro homínido de Patrick Swayze. Mítica que va desde La casa de bambú (House of Bamboo. Samuel Fuller, 1955) hasta Heat (Michael Mann, 1995), y que se desplaza fuera del actioner o del noir a terrenos impensables como los de Old Joy (Kelly Reichardt, 2006) o Gerry (Gus Van Sant, 2002). Es decir, hombres que quieren ser otros sin dejar de ser ellos mismos. Mítica que ya ha legado al cine sus propios iconos pop en esas máscaras de Ex-presidentes que siguen robando desde su retiro.

En su epílogo, Johnny termina localizando a Bodhi en una ignota playa de Australia, frente a una ola que no es otra cosa que la ansiada libertad. En el fondo, ya sabemos que Johnny no busca a Bodhi, sino que se busca a sí mismo para confirmar que ya no quiere seguir siendo lo que otros le dijeron que tenía que ser. Johnny necesita buscar fuera eso que no puede realizar por sí sólo, porque la voluntad de cambio a menudo requiere un estímulo, una chispa que la encienda. Johnny se golpea a sí mismo porque la catarsis implica dolor. Unas esposas que se ponen y se quitan, una muerte al ralentí en el interior de un útero de agua: poética que es sentida y no cómo los dos primeros párrafos de la entrevista a Gus Van Sant del número de Julio-Agosto 2009 de Cahiers España. Y Johnny lanza al agua su chapa de policía, en un gesto que remite a Harry Callahan. Dónde antes se exponía la decepción frente a unos estamentos civiles que ya no nos protegen, ahora solo encontramos la decepción ante una vida que no nos brinda la posibilidad de escoger. De los sintomáticos años ’70 a los patológicos años ‘90. Reivindicación social frente a reivindicación del Yo. De las manifestaciones a los libros de autoayuda. Y el mar como testigo permanente de esos cambios que a todos nos modulan.

Saludos

miércoles, junio 10, 2009

Villains (1)

Dos villanos encapsulados en el tiempo, zombificados en su espacio, y condenados a vagar eternamente por una misión estéril.

Piratas del Caribe (Gore Verbinski, 2003)

Star Trek (J. J. Abrams, 2009)

Saludos

jueves, abril 30, 2009

Increíble.....

Gracias Pablo.



Saludos

lunes, abril 13, 2009

MIRADAS- Abril: Nueva Comedia Americana (1ª Parte)



Pues sí, lo conseguimos. En el número de Abril de Miradas de Cine, tenemos la primera parte del especial NCA: Esto No Es Otro Estúpido Estudio De Comedia Americana, coordinado por el gran Pablo Vázquez y un servidor. Incluimos un par de textos generales, cinco autores seminales y 16 películas de la primera hornada. El resultado es brioso, y prometemos que la segunda parte será tan o más suculenta que ésta. Espero que lo disfrutéis porque ya iba siendo hora.

No obstante, si no te va el tema, siempre puedes leer una entrevista con Pedro Costa, un avance de lo último de Bela Tarr, una reivindicación de Almódovar, una panorámica sobre el fundamental Arnaud Desplechin, o una crítica que no te puedes perder: Diego Salgado y un texto donde Chejov y Pío Baroja le dan la mano a Alex Proyas y Nicolas Cage. Como veis, es lo que tiene ser mainstream...

Saludos

viernes, abril 10, 2009

Los abrazos rotos: Yo, yo mismo y Penélope



Viendo Los abrazos rotos era incapaz de sacarme de la cabeza el otro gran film onanista de la temporada, The Spirit de Frank Miller. Ambos proyectos nacen como fruto del personalísimo talento de dos creadores refugiados en sus sendos palacios de cristal, ajenos a cualquier corriente u opinión externa. Dos obras producto del embriagamiento artístico y de una cierta autarquía creativa que se deslizan peligrosamente por el hilo de lo vergonzoso y lo genial. Y es que cuando la realidad te da la espalda o simplemente no te interesa, deja que la ficción lave tus heridas...y tanto Miller como Almódovar han decidido jugarse las cartas y dejar que la representación hable por ellos, que ella misma siga construyendo una falsa imagen, un falso doble que ha engullido al Yo real.

No es nada nuevo en el caso del manchego, ebrio de su propio talento, cronista de su tiempo y prestidigitador del nuestro. Almódovar hace tiempo que dejó de mirar hacia adelante, se escondió en su habitación rodeado de dvd's de Rossellini, Malle, Lang o Hitchcock, y tiró la llave. Perfeccionó su estilo y negó al resto. Su lucha es análoga a la de Seijun Suzuki: manierismo por depuración; elección que también le honra por lo que tiene de negación del presente, en un gesto que tiene más de tozudez que de incapacidad (recordemos a Avati, por ejemplo). Así, Los abrazos rotos es una película tan impostada, tan artificial, que su leit-motiv dramático se sostiene sobre la destrucción/tergiversación de una película. El daño está en la obra, y la vida depende de la representación. El cine no puede explicar la vida (aunque lo intente), pero quiero que así sea...y si no es así, prefiero vivir en el cine y terminar una película aunque no siga con mi vida.

Honestamente, he disfrutado de Los abrazos rotos. Y lo hecho porque se trata de un cine tan démode que sólo puede ser disfrutado desde la suspensión incrédula de sus partes, como si esa cebolla tuviera todas sus capas, como si uno no supiera cuando termina la comedia y empieza el drama o viceversa. Porque sus intenciones no pueden ser más anacrónicas en lo que tienen de exorcismo personal. Al fin y al cabo, Los abrazos rotos remite a esa obsesión tan antigua y visceral del artista por colmar en la ficción sus deseos, aunque lo haga de manera aparentemente tan críptica (con ese juego de máscaras) que en el fondo es previsible y evidente en su supuesta alegoría. No lo olvidemos, Los abrazos rotos es la película en la que Almódovar lo hace con Penélope, y la pierde porque entiende que jamás podrá estar con ella...y entonces la embalsama en el montaje.

Y The Spirit es un truño.

Saludos

miércoles, abril 01, 2009

Habemus crítica


Este mes...una sorpresa de las buenas: Señales del Futuro, lo nuevo de Alex Proyas.

Saludos

miércoles, marzo 18, 2009

Vuelve (uno de) nuestro(s) coreano(s) favorito(s)

Park Chan-wook regresa con vampirismo, catolicismo....¿y venganza espiritual?



Saludos

PD: Siento la ausencia de actualizaciones, está complicado.

lunes, febrero 23, 2009

Killin' nazis


En un breve lapso de tiempo han aterrizado en las carteleras un puñado de largometrajes que recuperan abiertamente el contexto del nazismo. Mientras obras como Valkiria, El lector, o Good vuelven una vez más al pasado histórico para revisarlo, otras como La ola resucitan el fantasma de la ideología fascista desde una perspectiva actual. ¿A qué se debe, entonces, este retorno al totalitarismo? La respuesta…o un intento de ésta, a continuación.

Saludos

jueves, febrero 19, 2009

James Gunn mola

Que el tipo que rodó Slither siga sin proyecto oficial, vagando de proyecto en proyecto, dice mucho del estado de las cosas. Así que mientras tanto nos tenemos que conformar con sus rarezas producidas desde la periferia pero con mucha intención. En primer lugar, su aportación al proyecto colectivo "Masters of Horrors Take On Comedy", junto a otros ídolos (de nosotros) como James Wan, Leigh Whannell, Lucky McKee, Marcus Nispel o David Slade. Gunn mezcla fraternidades, guarrillas, estética pop y punk luminoso con simios-humanos en Humanzee!



En segundo lugar, y a la manera de lo que ha hecho otro friki de cuidado como Joss Whedon con su Dr. Horrible's Sing-Along, Gunn deconstruye (y satiriza) el mundo del porno en formato casero tomando a estrellas como Belladona, Sasha Grey o Jenna Haze y situándolas en hilarantes simulacros de carne pero sin penetraciones. El resultado PG Porn: For People who love everything about porn, except the sex. Aunque sus primeros segmentos que juntan al Michael Rosenbaum de Smallville con Belladona no tienen desperdicio, yo me quedo con su último capítulo, Squeal Happy Whores.



Saludos

martes, febrero 10, 2009

Recuerdos



Cuando el reflejo es total, no hay nada más que hacer.

Saludos

sábado, febrero 07, 2009

Guess who's back


Candidata al poder...dentro del Dossier de Cine Político USA.

Saludos

miércoles, febrero 04, 2009

¿Y SI.....



....The Wrestler es la primera película "anti-Obama", por perserverar en el camino del dolor, de la agonía, del pundonor reaccionario?

....The Wrestler es, por el contrario, el discurso que solo puede recitar la otra América para apoyar el "Yes, We Can"?

....The Wrestler es una deconstrucción del icono pop, del mismo modo que Ford destronó el icono clásico con su "Centauros.."?

....The Wrestler es una revisión westerniana de la amistad masculina, como solo Howard Hawks podía entregarnos?

....The Wrestler es una reinterpretación hardcore del mito americano?

....dejamos de decir que The Wrestler es una película indie, porque se trata simplemente del gran relato redentor parapetado tras algunas herramientas formales de la periferia fílmica?

....por fin consideramos a Aronofsky como uno de los grandes cineastas del dolor?

...te gustó The Wrestler y aborreciste La fuente de la vida? Pues entonces revisa las dos porque son la misma película.

Saludos

martes, enero 20, 2009

The Best (in MIRADAS)


El mundo se acaba pero uno sigue sintiendo. Y el segundo mejor crítico de cine de este país abre El incidente con un tema de Tachenko; Hilario vuelve a dejarse la vida en cada letra; Oscar se convierte en el alter ego valenciano de Jack Kerouac y también recorre otro camino; Israel devuelve a la crítica su valor literario (y JD su valor analítico [y Kike su lado polémico y atrevido]); con Bea se me caen las lágrimas con imágenes que no he visto pero que ya forman parte de mí; y Diego/Pedro/Pablo nos vuelve a hacer temblar con sus desquiciadas conclusiones. Yo simplemente voto y comparo JCVD con la pornografía moral de los realities.

Solo hay una cosa en común: todos escribimos en la mejor revista de cine, que empieza el nuevo año con más fuerza que nunca. Gracias a los que la hacen posible.

ACTUALIZACIÓN I : No entiendo cómo se me pasó pero a raíz de lo mejor del año, me gustaría recuperar la que es (para mí) la mejor crítica cinematográfica del curso. La escribe Sergio Vargas y se titula "Van a por nosotros (or Pardon me, but your teeth are on my neck)". Impresionante.

ACTUALIZACIÓN II: Además del imprescindible texto que resume el cine patrio del 2008, volvemos a intentar la titánica tarea de reseñar todas las películas españolas estrenadas el pasado curso. Nos quedamos cerca...algún año lo conseguiremos. Un servidor aporta las reseñas de la minusvalorada y apasionante "Los crímenes de Oxford" y la genial "Gente de mala calidad".

Saludos

miércoles, enero 07, 2009

Ya estamos AHÍ




Ha sido un largo camino....pero todavía falta lo mejor. ¡¡¡GRACIAS!!!

lunes, enero 05, 2009

Maldita memoria



¿Qué es lo que he olvidado?
Y cómo coño quiere usted que yo lo sepa, amiga mía.

Lo único que puedo decirle es que parte de lo que debería haber olvidado sigue aquí y que mientras uno se vuelve loco apagando nuevos incendios son los viejos incendios los que reviven con la fuerza de las imágenes de las viejas películas.

¿Qué he olvidado?
Todas las oraciones, el nombre de mis padres, la sombra de los árboles junto a la valla de mi colegio, el mundial de fútbol del 78, si he ido alguna vez en barco, las heridas de bala, si las ha habido, los hijos, si los hay, sus caras, las caras de un millón de mujeres, por alguna extraña razón no demasiadas películas, pero desde luego algunas, números, puede que algún idioma, mañanas, tardes, noches, el sabor de muchas cosas y también el color de muchas cosas, cientos de canciones, cientos de libros, favores, deudas, promesas, direcciones, amenazas, calles, playas, puertos, ciudades enteras, he olvidado Berlin y he olvidado Roma, por supuesto no he olvidado Tokio, he olvidado el día de ayer, completamente, como olvidaré el de hoy y después el de mañana.

¿Qué más he olvidado?
La he olvidado a usted, señora mía, y he olvidado el jardín y la piscina y he olvidado todas las heridas en mis propias manos pero sintiéndolo mucho y no sabe usted cuánto no he conseguido...

Saludos

miércoles, diciembre 24, 2008

The Spirit


Hay personas que se montan su pequeño microcosmos y consiguen vivir en él con sus propias reglas. No tienes que ser precisamente un ermitaño y/o eremita, simplemente basta con que formes tu propia comunidad y te aisles de los demás, algo que puede confirmarse en los vastos espacios de la red, formados por foros y comunidades que respiran una sorprendente autarquía cultural. Así, uno puede vivir feliz con su propia moral y visión del mundo, hasta que alguien se cruza en tu camino o tú terminas cruzando una puerta que no sabes ni cómo abrirla (¿como Javier Marías?). Es entonces cuando esa puerta, llámese blog, mujer, hombre, acontecimiento traumático o box office, te devuelve una realidad que obliga a replantearte tus principios...salvo que seas demasiado viejo, terco o arrogante, que prefieras vendarte los ojos y hacer cómo que no ha pasado nada.

Algo parecido le ha sucedido a Frank Miller con su adaptación de The Spirit. Como si no hubiera salido jamás del plató de Sin City, Miller pidió incluso a Zack Snyder que le pasara su (memorable) versión de 300 detrás del decorado verde, para así no "abrir otras puertas" que pudieran poner en jaque su visión del comic de Will Eisner. Miller entendió que sólo a través de las herramientas que le proporcionó Rodríguez podía concebir su particular acercamiento al "Citizen Kane de los comics" (jojojo), y le ha salido una película bastarda, un Sin City vigoréxico pero que tampoco supone un salto cualitativo con respecto a éste, sino más bien un clon que ya parece hasta pasado de moda. Basculando entre lo ridículo y lo épico, entre una dramaturgia heterodoxa (por sus constantes oscilaciones de humor) y el cartoon más disparatado (The Spirit es, una action movie elastizada sin solución de continuidad), Miller se asemeja a un anciano con demencia que se ha empeñado en hacer lo que ha querido, lo cual le honra pero no es excusa para que no le haya echado un vistazo a "El arte cinematográfico" del Sr. Bordwell. O como bien me comentaba Diego Salgado tras el pase, un Ed Wood con dinero embriagado de un arte (hasta "El contrataque del caballero oscuro", con todos sus defectos, era una obra rupturista) que no es su arte, aunque lo recubra de una estética monocroma. Viendo The Spirit uno se pregunta, primero, qué ha sido de ese artista capaz de volcar en la viñeta el expresionismo abstracto (o neoexpresionismo) de Basquiat o Schnabel; y segundo, que Robert Rodríguez sí sabe hacer cine, mejor o peor, pero sabe.

Y sí, hay mucho delirio en este The Spirit, tanto que podría considerarse puro cinema bis de la era digital, lo cual con un presupuesto cercano a los 50 milones de dólares debería hacernos reflexionar sobre los trasvases entre narrativa B y blockbusters contemporáneos. En definitiva, resumamos y pasemos de eufemismos: The Spirit es un bodrio considerable que hace que, si la posmodernidad es Port Aventura, la película de Miller sea la barraca de feria regentada por gitanos que hay en mi barrio, donde lo mejor es la inclinación parafílica de un superhéroe que desea follarse a su ciudad.

Saludos

PD: en Miradas hemos publicado un especial dedicado a la Colección FantaTerror de Suevia. Quien suscribe firma dos pequeñas reseñas: quien disfrutó con el texto dedicado a La séptima víctima tendrá en La torre de Londres un pequeño anexo que espero desarrollar en el futuro. El otro, La violencia del sexo, una pequeña paja que espero puedan disculparme.

viernes, diciembre 12, 2008

CIne de animación japonés (Libro)


Un sueño hecho realidad....o al menos esa es la sensación cuando uno hojea un libro en el que ha escrito en pleno Fnac. Mi debut en el mundo editorial viene de la mano de este portentoso volumen sobre cine de animación japonés, coordinado por Antonio José Navarro, y en medio de un montón de firmas de esas que siempre ha admirado. Muchas gracias a vosotros, que ya sabeis quienes sois, porque sin vuestro apoyo ésto seguiría siendo una quimera.

Saludos

sábado, diciembre 06, 2008

Cine ciego



Resulta triste dar las razón a ciertos defensores de los "nuevos" canones culturales, pero hay proyectos que huelen. La traslación en imágenes de un buen "best-seller" para gente inteligente, un realizador con prestigio ONG, y un imponente casting de actores mal maquillados para reforzar sus arrugas y entradas. Saramago, Meirelles, Julianne Moore, García Bernal...vaya si huele. Y no defrauda (en su esperada decepción), porque "Blindness" es otro ejemplo de proyecto con afán globalizador (tanto conceptual como estéticamente) pero cuyas soflamas están muy alejadas del mundo que pretende reflejar. Y lo que es peor, la enésima muestra del intento por intelectualizar un material de derribo que, no obstante, se queda incluso lejos de la serie B más trajinada.

Ya dijimos en su momento que "El orfanato" era un film fantástico para no consumidores de fantástico, y "Blindness" es una distopía para un público de paladar fino que haría ascos a "1997: Rescate en Nueva York", pero que por no llegar, no llega en sus reflexiones ni al Boris Sagal de "El último hombre vivo". Todo muy cuco y cuidado en su guarrería (sí, hay personajes que pisan heces bien colocadas dentro del plano, y sodomía rodada como Gregory Dark pero pretendiendo ser elegante y sugestivo), para unas conclusiones que reducen su cultureta punto de partida (una epidemia de ceguera) al nivel de una producción de The Asylum: es decir, que tras la caída de los estamentos que sustentan la sociedad, la próxima parada viene a ser la barbarie y el primitivismo.

Al final, lo único que queda es un turbio plano de iconos religiosos con los ojos vendados, imagen que daría para pensar si uno consigue olvidar esa larga cola de personajes tomados de la mano, lo más parecido a una reciclaje cinematográfico de aquellos míticos anuncios multiétnicos de Benetton.

Saludos